martes, 29 de diciembre de 2009

En diciembre



Con o sin carta a los reyes, con o sin propósitos o balance, para mi diciembre es el mes de los recuerdos. Es cuando vuelven a tu cabeza multitud de decisiones y momentos. Y aunque sabes que en la mayoría de esos casos hiciste lo correcto, no se te va de la cabeza.
En mi caso, este año viene uno con especial fuerza, tanta que ya decidí no luchar por ese recuerdo. Sé que dentro de unos días, como todo este espíritu navideño, desaparecerá.
Entre finales del año pasado y a lo largo de este, he visto como multitud de parejas se rompían, cómo personas que parecían destinadas una para la otra decidían que ya no aguantaban más y que se separaban. Así que, mientras que Laura no dejaba de recibir invitaciones a bodas, en mi caso, digamos, que he asistido a varios “divorcios”. (Y aunque no sea el tema principal de este post, con “divorcios” quiero referirme también a esas amistades que se van rompiendo).
Por supuesto, yo fui una de las que, hace ya más de un año, decidió que, harta ya de luchar, lo dejaba con su pareja de momento. No dudé en ningún instante que fue la decisión acertada, y menos ahora, que con el paso del tiempo he comprendido que mi periodo de madurez tenía que pasar por ello. Pero, en estos días en los que veo a esa persona feliz y contenta con alguien a su lado, no puedo evitar que por mi cabeza ronde la dichosa pregunta. Esa que todos alguna vez nos hemos planteado: ¿por qué no pudo ser? ¿Qué falló? E incluso, ¿por qué no fuimos capaces de superar “eso”?
Sinceramente, y como sacar fallos es una de las virtudes del hombre, casi sin pensar sacaremos muchísimos fallos, aquello que no nos gustaba, algo con lo que no podíamos convivir… pero realmente, y con el paso del tiempo, lo que nos duele y lo que nos planteamos es el por qué no pudo ser. Cuando tomamos una decisión en la vida, cuando decidimos estar junto a una persona y no otra, tener una amistad ponemos todos nuestros esfuerzos, energías y esperanzas. Si lo que falla es algo material, no pasa nada. ¡Tomamos tantas decisiones sobre qué coche comprar, dónde cenar, cómo vestir…! Un fallo en este caso no suele llevar a intentar averiguar mucho después el porqué no sucedieron las cosas como pensábamos. “Tomar decisiones es lo que implica, no todas son correctas”, nos decimos a la vez que añadimos “además, no todo depende de nosotros. También depende del entorno, de la suerte…” Sin embargo, en los casos de las relaciones (tanto de amistad como de pareja) sí que volvemos una y otra vez al principio. No podemos evitar mirar atrás, añorar, recordar que perdimos amigos, pareja porque no funcionó. Y es que estos recuerdos, a pesar de su amargura, no nos dejan esos malos momentos compartidos sino los buenos.
Pero es diciembre. Y por mucho que pensemos que porqué dejamos escapar a esa persona que era tan perfecta para nosotros (cuando no lo era), a ese amigo con el que habíamos compartido tantos años… en pocos días llegará un nuevo año en el que no sabemos si cumpliremos nuestros propósitos (si los tenemos), qué decisiones tendremos que tomar ni qué sucederá. Pero a cambio, tendremos otros 12 meses para luchar por lo que creemos, para vivir nuevos amores, encontrar (y reencontrar) amigos… hasta que vuelva ese momento en el que nos preguntaremos en qué hemos fallado

2 comentarios:

Laura dijo...

¡Ay, que se me pone nostálgica! Lo cierto es que estamos en una edad en la que se rompen muchas parejas. De 3 a 5 años, a todo el mundo le dará por casarse y será un no parar.

La mujer del médico dijo...

Qué es lo que ha fallado, qué es lo que ha fallado... Tal vez no falló nada. Simplemente es así. Así de simple, así de complicado. Te quiero un montón. Ánimo y a construir nuevos recuerdos...